Ene 27 2014

La sociología clínica

Entre las diferentes ramas de la sociología que han venido apareciendo en los últimos años encontramos a la sociología clínica que tiene su origen en Francia en la década de 1980, y tiene como precursores a Robert Sévigny, Gilles Houle, Eugène Enriquez y Vincent de Gaulejac. La sociología clínica representa un nuevo paradigma de investigación y de intervención fundamentado especialmente en las historias de vida y el devenir de los sujetos.

Vincent de Gaulejac. Fuente Imagen: www.elpsicoanalistalector.blogspot.com.es

Vincent de Gaulejac. Fuente Imagen: www.elpsicoanalistalector.blogspot.com.es

De la mano de uno de los iniciadores de esta nueva especialidad de la sociología, Vincent de Gaulejac,1 a partir del prólogo de su libro Las fuentes de la vergüenza (Mármol/Izquierdo Editores, 2008)2, podemos hacernos una idea aproximada sobre la sociología clínica, su objeto de estudio y su metodología.

Si el lector quiere profundiza más, recomiendo el artículo de Fabiana Grasseli y Mariano Salomone: La perspectiva teórico-metodológica de la sociología clínica. Aportes a un debate en la revista de la Fundación iS+D: Prisma Social, revista de ciencias sociales, nº 9, Diciembre 2012. pp. 83-109.


 

Sobre la sociología clínica

Del prólogo de Las fuentes de la vergüenza de Vincent de Gaulejac (Mármol/Izquierdo Editores, 2008)

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La sociología clínica se basa en el procedimiento clínico para aprehender los fenómenos sociales, lo cual constituye una modalidad particular de investigación y de intervención. Se trata de trabajar “lo más cerca posible de la vivencia de los actores”,3 tanto en la construcción de los objetos de investigación como en los métodos.

Es una sociología “como las otras”, que se inscribe dentro de la filiación de una sociología comprensiva (Max Weber), tomando en cuenta la subjetividad tanto como lo hace la de Emile Durkheim, cuando éste declaraba que el estudio de los fenómenos psíquicos sociológicos es la sustancia misma de la sociología. La singularidad de nuestra orientación radica principalmente en la introducción del procedimiento clínico, que lleva a ponerse a la escucha de la vivencia, a considerar que la exploración de la subjetividad, consciente e inconsciente, es necesaria para el conocimiento de los fenómenos sociales, que el investigador está involucrado en sus objetos de investigación y que la sociología tiene por objeto la exploración de la dimensión existencial de las relaciones sociales.

La postura clínica en sociología

Ubicar a la subjetividad en el centro mismo de la producción del conocimiento lleva a criticar la posición del experto, poseedor de un saber científico superior a las demás formas de saberes.

Ubicar a la subjetividad en el centro mismo de la producción del conocimiento lleva a criticar la posición del experto, poseedor de un saber científico superior a las demás formas de saberes. La postura clínica se construye, en primer lugar, sobre la escucha, el saber de la experiencia y la consideración del conocimiento que los actores tienen de su mundo social. El cuestionamiento de un discurso de “verdad” lleva a comprender lo que funda los distintos puntos de vista, ponerlos en perspectiva y favorecer los espacios de co-construcción del saber. No por ello se niega el punto de vista científico. No todas las formas de saber son equivalentes. El rigor científico es necesario e ineludible, a condición de que no se respalde en lógicas de poder, de distinción social y no favorezca la violencia simbólica entre los “sabios” y los “ignorantes”. El vaivén entre la experiencia y la teoría, lo vivenciado y lo conceptual, es esencial para entender los fenómenos sociales.

Existen estrechos vínculos entre, por un lado, las posiciones teóricas y metodológicas y, por otro lado, las implicaciones afectivas, ideológicas, económicas e institucionales del investigador. Estos “condicionamientos” son por lo general implícitos, o bien ocultados, y en todo caso son inconscientes tanto para la mayoría de los investigadores como de los actores. La cuestión de las relaciones entre objetividad y subjetividad se torna entonces esencial. La idea de neutralidad del investigador es dejada de lado para dar lugar al análisis de su implicación, de su compromiso, de sus objetivos transitivos e intransitivos, de sus intereses manifiestos y latentes. En la explicitación de esas motivaciones y en la objetivación de las condiciones de producción de la investigación es donde encontramos el rigor en el campo de las ciencias sociales, y no en su neutralización sobre el modelo de las ciencias denominadas “exactas”.

En la medida en que consideremos que los hechos sociales no son cosas,4 conviene entenderlos tanto desde el exterior, como fenómenos que estructuran la existencia social de los hombres, la determinan y condicionan, como desde el interior, en la medida en que actúan en el “sí mismo”. Esta interioridad del mundo social cuestiona radicalmente las equivalencias habituales entre, por un lado, psicología/interioridad/psiquismo y, por otro lado, sociología/exterioridad/social. Lo social y el psiquismo se nutren uno del otro permanentemente y de manera indisociable. En la mayor parte de los casos nos encontramos con fenómenos sociopsíquicos. El investigador debe ser capaz entonces de aislar, en un primer momento, los componentes sociales y los componentes psíquicos del fenómeno estudiado, para luego poder, en una segunda instancia, analizar de qué manera se combinan, se influencian, se sostienen, se conectan o se intrincan.

Nuestra relación con el mundo, y esta observación es válida tanto para los investigadores como para los actores, es una construcción constituida por proyecciones, introyecciones y representaciones que determinan los marcos de la memoria (lo que retenemos y lo que olvidamos), los marcos de pensamiento, de interpretación y de acción. En consecuencia, el investigador está dentro de su objeto. Es conveniente pues entender mejor los complejos juegos de intrincaciones entre el objeto y el sujeto en todas las etapas de la investigación y de la intervención. Dentro de esa misma perspectiva, el actor tiene a la sociedad dentro de sí mismo: es, a la vez, producto y productor del mundo social. Ya no podemos pensar más los fenómenos sociales a partir de una disociación entre el individuo y la sociedad.

La cuestión del sujeto es ineludible. No para rehabilitar la figura de un sujeto consciente, autónomo, transparente para sí mismo, dotado de libre albedrío y dueño de su destino, sino para entender al sujeto que trata de emerger, en la duda, frente a múltiples contradicciones. El sujeto sólo puede emerger porque hay sujeción. Sus márgenes de maniobra no resultan de una ausencia de determinaciones sino, por el contrario, de la multiplicidad y heterogeneidad de las mismas. El sujeto emerge por el hecho de que esas fuerzas polisémicas no van todas en el mismo sentido. En consecuencia, es llevado a tomar decisiones, a elegir dentro del espacio de indeterminación creado por todas las contradicciones que lo atraviesan. Al sociólogo le corresponde entender mejor el conjunto de los procesos sociopsíquicos que constituyen dicha sujeción y las diferentes formas en que el sujeto reacciona para tratar de emerger. El acompañamiento de ese proceso de subjetivación es una de las tareas del sociólogo clínico.

“acercarse lo más posible a la vivencia de los actores”

No por ello la clínica se reduce a la cuestión del tratamiento o la ayuda a la resolución de problemas individuales o colectivos. Los conflictos, en sí mismos, no son ni nefastos ni destructivos. Son la expresión de las contradicciones del mundo social y de las profundidades del psiquismo. La imposibilidad de afrontar esos conflictos es lo que plantea un problema. Los métodos clínicos están construidos para permitir que el sujeto analice esos conflictos, invente respuestas y encuentre mediaciones frente a esas contradicciones. Se trata pues de “acercarse lo más posible a la vivencia de los actores” para realizar este análisis y poner en marcha los cambios posibles, elaborando respuestas con ellos. Entramos en un proceso de cierta duración, que no busca alcanzar resultado programados. Los resultados van surgiendo en el camino, en el proceso mismo, ya que cada etapa abre nuevos resultados posibles que no pueden preverse al comienzo. Lo esencial no radica tanto en la culminación del proceso como en las contribuciones del sujeto en las distintas etapas del mismo. En
consecuencia, la “prueba” está más centrada en la calidad del proceso implementado que en la comprobación a posteriori de los resultados. La pertinencia de las hipótesis producidas se mide en relación con la manera en que los actores involucrados por los fenómenos estudiados las asumen como propias porque tienen sentido para ellos. Esto no significa que haya que evitar la confrontación con la comunidad científica para convalidar la coherencia entre las formulaciones teóricas propuestas, las hipótesis enunciadas, el método de recolección y el análisis de los datos. Se trata de integrar, en la convalidación, los efectos de la producción de conocimiento por parte de los actores mismos, en particular en cuanto al desarrollo de sus capacidades reflexivas. Los problemas planteados por la recepción del conocimiento producido por los investigadores son tan esenciales como los que se refieren a su producción.

Las emociones son los relojes de la subjetividad.

La coherencia del proceso se verifica asimismo en la atención prestada al vínculo entre conocimiento intelectual y conocimiento sensible, entre el registro de la reflexión y el registro de los sentimientos. La postura que considera que las emociones y los sentimientos deben ser controlados, neutralizados y hasta eliminados porque serían del orden de lo irracional, no sólo es limitada sino que queda amputada de una dimensión esencial de lo humano. Las emociones son los relojes de la subjetividad. Brindan indicaciones de un valor inestimable sobre la manera en que los fenómenos sociales son vivenciados, sentidos, experimentados. Son una dimensión esencial de las relaciones sociales, y ocupan el centro mismo, tanto del ser del hombre como del ser de la sociedad.

El procedimiento clínico rompe con el método experimental, con la posición del científico que se apoya en leyes para producir un discurso de “verdad”.

El procedimiento clínico rompe con el método experimental, con la posición del científico que se apoya en leyes para producir un discurso de “verdad”. Está concebido para favorecer la escucha, la empatía, la comprensión mutua, la co-construcción de hipótesis, la confrontación de los saberes teóricos, prácticos y procedentes de la experiencia. El marco que lo acompaña debe favorecer la implicación y el distanciamiento, el análisis objetivo y la expresión subjetiva, el análisis de las relaciones transferenciales –tanto entre el investigador y su objeto como entre los distintos interlocutores involucrados-, y acercarse lo más posible a la vivencia, favoreciendo al mismo tiempo la elaboración de una reflexión conceptual en profundidad.

Una historia reciente

La sociología clínica se inscribe dentro del sendero trazado por la psicosociología (Pagès, Palmade, Enriquez), pero también por el análisis institucional (Tosquelles, Oury), el sociopsicoanálisis (Mendel), el socioanálisis (Lourau, Lapassade), el psicoanálisis grupal (Anzieu, Kaës) y el esquizoanálisis (Deleuze y Guattari). Debemos reconocer asimismo la importancia de los aportes norteamericanos, y particularmente de aquéllos iniciados por Kurt Lewin, Jacob Lévy Moreno y Carl Rogers. De igual modo, rendimos aquí homenaje al aporte indiscutible de Enrique Pichon-Rivière, cuyo proyecto era en muchos puntos similar: desarrollar una verdadera psicología social que ponga de manifiesto la relación dialéctica entre la estructura social y los fantasmas inconscientes del sujeto a través de las relaciones de grupos, en la interfase entre lo psicosocial y lo sociodinámico.5

La sociología clínica aparece en Francia en la década de 1980.

La sociología clínica aparece en Francia en la década de 1980. En 1988, en Ginebra, algunas personas, por iniciativa de Robert Sévigny, Gilles Houle, Eugène Enriquez y Vincent de Gaulejac constituyen un grupo de trabajo dentro de la Asociación Internacional de sociólogos de habla francesa. De este modo, prosiguen el camino abierto por Robert Sévigny y Jan Fritz con sus esfuerzos por crear un grupo de trabajo sobre ese enfoque en la Asociación Internacional de Sociología. En 1992, dos comités son reconocidos como comités permanentes de investigación dentro de ambas
asociaciones. El primer coloquio de sociología clínica organizado en Francia se reúne ese mismo año en la Universidad de París 7, bajo el auspicio del Laboratorio de Cambio Social. El encuentro reúne a más de 150 investigadores provenientes de unos 15 países. Se constituye entonces una red internacional que rápidamente irá desarrollándose, en vínculo con nuestros colegas de Québec, bajo el impulso dado por Jacques Rhéaume. Se trata de una red más bien francoparlante y latina, puesto que está representada sobre todo en Bélgica, con Marcel Bol de Balle, Michel Legrand y Francis Loïcq, en Grecia, en torno a Klimis Navridis, y en Italia, con Michelina Tosi y Massimo Corsale. Pero también se desarrolla en Rusia, con Igor Massalkov, en México, en torno a Elvia Taracena, en Brasil, con Norma Takeuti, Teresa Carreteiro y José Newton, en Uruguay, con Ana María Araujo, y en Chile, con Francisca Márquez y Dariela Sharim.

Desde 1992 se organizan encuentros en estos tres continentes, dando lugar a muchas publicaciones en francés, portugués y español.6

En los años noventa se establecen contactos en Argentina. La filiación entre la sociología clínica y los trabajos de Pichon Rivière es notable, en particular en cuanto a la necesidad de vincular la perspectiva psicoanalítica con las problemáticas socioculturales. Además, los enfoques del esquizoanálisis y del análisis institucional coinciden en muchos planos con las preocupaciones por vincular la sociología y el procedimiento clínico. El autor de estas líneas dio algunas conferencias en escuelas de psicología social, en la Universidad de Buenos Aires, y coordinó un grupo de implicación e investigación “novela familiar y trayectoria social” junto a Ana María Araujo. Esta última fundó un grupo de sociología clínica en Montevideo en 1998 y publicó una revista, “Sociología clínica” y varias investigaciones importantes. En 2008, por iniciativa de Ana Corea, Josette Halegoi y Mabel Meschiany, se organiza una serie de manifestaciones para hacer conocer la sociología clínica en Córdoba, Rosario y Buenos Aires.

En los años ’90, la sociología clínica se va imponiendo poco a poco como una nueva orientación dentro del campo de las ciencias sociales, en particular a partir de las investigaciones realizadas en el Laboratorio de Cambio Social de la Universidad de París 7. Jóvenes investigadores provenientes de diversas disciplinas eligen inscribirse dentro de esta orientación y comienzan a publicar sus trabajos. Se han presentado así unas veinte tesis que dicen pertenecer a esta orientación, tres de las cuales han
recibido el premio otorgado por Le Monde de la recherche y Edgar Morin5. Los principales trabajos han sido publicados en la colección “Sociologie Clinique”, primero en la editorial Desclée de Brouwer (16 títulos publicados) de 1996 a 2002, y luego en ÉRÈS, a partir de 2002 (16 títulos publicados). Tres acontecimientos simbolizaron el reconocimiento de esta corriente en Francia: la fundación del Instituto Internacional de Sociología Clínica en París, en el año 2001, la creación de una red temática de sociología clínica con ocasión de la fundación de la Asociación Francesa de Sociología n 2004 y la creación de un master “sociología clínica y psicosociología” en la Universidad de París 7, Denis Diderot, prevista para el 2009.

El objeto de la sociología clínica

La sociología clínica invita a tomar en cuenta la especificidad humana y muy particularmente la presencia tan irrecusable como irreductible de la subjetividad. Presta especial atención a las dimensiones individuales, personales, psíquicas, afectivas y existenciales de las relaciones sociales. Propone reintegrar al objeto mismo de la sociología actual lo que, a lo largo de su historia, fue progresivamente rechazado, expulsado y ocultado, es decir las relaciones entre “el ser del hombre y el ser de la sociedad”, según la bella expresión que utilizaran los miembros del Collège de Sociologie en 1937. De allí pues la atención que se presta a los procesos socio-psíquicos, a condición claro está de detenerse un momento sobre el guión que separa y une al mismo tiempo a los términos socio y psíquico.

Lo producido se convierte en productor de lo que lo produce (Morin, 1990)

Hay una cuestión clave sobre la cual la sociología no puede ceder, a menos que se ahogue a la sociología en la clínica y se caiga en el sincretismo: la de la primacía de lo social sobre el psiquismo o de las relaciones sociales sobre el individuo. Cabe precisar también que esto no debe entenderse como una toma de posición normativa, a través de la cual se le concedería más valor a lo social que al psiquismo ni, en última instancia, como la manifestación de una voluntad hegemónica, un intento de toma del poder por parte del sociólogo en su supuesta lucha contra el psicólogo. Primacía, en este caso, significa sencillamente que las relaciones sociales preexisten con respecto a los individuos que se encuentran involucrados y son producidos dentro de ellas. Pero esto no pone en duda de ningún modo la capacidad de transformación de estos últimos, pues la relación no puede pensarse aquí fuera de un principio de recursividad. Lo producido se convierte en productor de lo que lo produce (Morin, 1990) o, de modo más amplio, lo que es efecto se torna causa de lo que lo causa. En este caso, lo que es segundo no es secundario. Los individuos no son integrados a las relaciones sociales de manera contingente sino necesaria. Es por ello que tomar en cuenta la manera en que las viven, se las representan, las asimilan y contribuyen a reproducirlas o transformarlas no constituye un saber que se sumaría como un agregado al conocimiento de las estructuras sociales, sino un saber estrictamente necesario para la comprensión de las relaciones sociales mismas. En definitiva, la sociología clínica retoma el proyecto de construir una verdadera antropología, una ciencia del hombre en sociedad, que nos lleva a reconsiderar las fronteras disciplinarias, particularmente entre las ciencias humanísticas y las ciencias sociales.

Una forma diferente de hacer sociología

La referencia clínica implica hacer sociología de un modo diferente

Pero lo más específico de la sociología clínica no es tanto su objeto como su práctica. La referencia clínica implica hacer sociología de un modo diferente: romper con la posición de experto del investigador, integrar la cuestión de la transferencia y la contratransferencia en el centro del análisis, transformar la relación entre el investigador y sus interlocutores, reconsiderar los temas de la neutralidad y la objetividad, repensar lo que está en juego en torno a la implicación y el compromiso y repensar las relaciones entre la investigación y la intervención.

Esta postura choca contra resistencias muy fuertes dentro de la comunidad científica. El procedimiento clínico es percibido de entrada como antinómico de la postura sociológica, en razón del predominio de un modelo fundado sobre axiomas fuertemente estructurantes. Recordemos algunos consejos metodológicos de Durkheim: ignorar los prejuicios, descartar las prenociones, dejar de lado los sentimientos, eliminar las creencias, alejar los deseos personales, acallar las pasiones perturbadoras, dar prueba de serenidad y sangre fría. Recordemos asimismo el postulado de la neutralidad axiológica defendido por Max Weber, que sin embargo era anti-positivista, planteando esa capacidad que el investigador tendría para poder separar, al exponer los resultados de su actividad científica, los hechos y los valores, las constataciones y los juicios.

Esta posición es ilusoria, y tal vez hasta mistificadora. El investigador forma parte del mundo social y no puede pretender alcanzar una posición de pura exterioridad con respecto a su campo de investigación. La sociología clínica comparte esta crítica con otras corrientes que la han precedido. Considera que el estar-adentro del investigador y su capacidad de verse afectado no son un sesgo que habría que reducir, sino que pueden constituir un instrumento de conocimiento, a condición de que se los integre al trabajo dentro del dispositivo mismo de la investigación empírica o de la intervención. Reconocer ese estar-aquí del sociólogo no significa entonces admitir una impotencia, negar por adelantado toda objetividad, todo cientificismo a los saberes que podría construir sobre lo social, ni resignarse porque la dificultad sería insuperable y, por último, abandonar todo proyecto de conocimiento en el campo de lo social.

Significa, por el contrario, abrirse una nueva vía de investigación para llegar a la objetividad, donde ésta no consiste en erradicar o neutralizar la subjetividad sino, por el contrario, en analizar en qué medida la subjetividad interviene en el proceso de construcción del conocimiento. Sobre ese punto, la sociología clínica le debe mucho al psicoanálisis y particularmente al descubrimiento freudiano de la contratransferencia, una noción clave retomada por el etnopsicoanálisis, la psicoterapia institucional y la psicosociología. Georges Devereux es un precursor sobre ese aspecto cuando propone extender el análisis de la contratransferencia a las deformaciones que afectan a la percepción y las reacciones del investigador, a las angustias que despierta su trabajo, “al arraigo social del científico”, a su ideología, su estatus étnico y cultural, su pertenencia de clase y sus posiciones profesionales.7

Una identidad plural

Los fenómenos sociales nunca son “puramente” sociales. Siempre son complejos y multidimensionales.

La sociología clínica tiene una identidad plural cuyas modalidades de hacer sociología provienen de múltiples corrientes teóricas y disciplinas. Atraviesa las barreras disciplinarias en la medida en que estudia fenómenos sociales refiriéndose a distintos registros teóricos provenientes de diversas disciplinas. Algunos han evocado al respecto “el gusto por la indisciplina”. Se trata más bien de una concepción abierta de la investigación en ciencias sociales, donde los fenómenos estudiados son los que determinan las teorías de referencia y no a la inversa. Los fenómenos sociales nunca son “puramente” sociales. Siempre son complejos y multidimensionales. Si bien su primera característica debe entonces ser explicitada a través de otros hechos sociales, dicha explicitación debe combinarse con otros elementos, en particular los psíquicos. No para oponer un sistema explicativo a otro, sino para combinarlos, demostrar la reciprocidad de las influencias de un registro sobre el otro, estudiar los efectos de interacción, oposición o complementariedad. La mayor parte de los hechos sociales son hechos sociopsíquicos. Esta constatación debe llevar a los sociólogos a asimilar las teorías que permitan analizar las dimensiones psíquicas de los fenómenos sociales. Acercarse lo más posible a la vivencia de los actores conduce a cuestionar las fronteras entre psicología y sociología, exterioridad e interioridad, objetividad y subjetividad, realidad y representación. La dimensión existencial de las relaciones sociales es un elemento ineludible que conviene tomar en cuenta. La “vivencia” deja de ser considerada como la maldición del sociólogo, como una dimensión turbia y se convierte en una dimensión irreductible de lo que hace a la sociedad.

El diálogo con el psicoanálisis es pues ineludible para entender los fenómenos intrapsíquicos y las dimensiones psíquicas de los procesos sociales. Las cuestiones del inconsciente y la importancia de la sexualidad en la vida social son esenciales. Toda sociología se basa en una psicología implícita, de igual manera en que la mayoría de los enfoques psicológicos se basan en teorías de lo social raras veces explícitas. Estos no-dichos y estas obcecaciones se explican a causa de los repliegues identitarios disciplinarios, relacionados con cuestiones institucionales más que epistemológicas. La imposibilidad de disociar la dimensión psíquica de lo social y la dimensión social del psiquismo debería llevar a explorar las consecuencias de estas rigideces sociomentales. Las lógicas disciplinarias hacen que, por un lado, se “sociologicen” los procesos psíquicos y, por otro, se “psicologicen” los fenómenos sociales.


El prólogo de Las fuentes de la vergüenza de Vincent de Gaulejac (Mármol/Izquierdo Editores, 2008) se puede descargar en PDF a través de Mabel Meschiany en el siguiente enlace:

PDF

Prólogo de Las fuentes de la vergüenza

NOTAS
  1. Vincent Gaulejac, nacido en 1946 en Croissy-sur-Seine, es sociólogo, profesor de Sociología en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de París. Es autor de una veintena de libros y artículos sobre sociología clínica. Dirige el Laboratorio de Cambio Social de la Universidad París VII desde 1981. Presidente del Comité de Investigación en Sociología Clínica de la Asociación Internacional de Sociología. Es uno de los principales iniciadores de esta orientación científica que se centra en la dimensión existencial de las relaciones sociales. Ha desarrollado grupos de intervención y la investigación en una docena de países de Europa, América del Norte y América del Sur. []
  2. Gaulejac, Vincent de (2008) Las fuentes de la vergüenza. Buenos Aires: Mármol/Izquierdo Editores. []
  3. Etimológicamente, el término griego “kliniké” significa “en la cabecera del enfermo que está en cama”. Designa el momento en que los médicos dejan de interesarse solamente por el cuerpo enfermo y se interesan por el paciente mismo y lo que éste pueda decir sobre su enfermedad. En sociología, se trata de interesarse por la vivencia de los actores sociales y escuchar lo que tienen para decir sobre los fenómenos sociales que los involucran. []
  4. E.Durkheim afirma como regla del método sociológico que hay que “tratar a los fenómenos sociales como cosas, con el fin de despegarse de los enfoques ideológicos que no consideran a los hechos sociales por lo que son, sino en función de lo que se desearía que fueran. Su afirmación se basaba en la voluntad de dar un carácter científico a la sociología (E. Durkheim, Les règles de la méthode sociologique, PUF, Paris, 1937). []
  5. Pichon-Rivière E., El proceso grupal, Del psicoanálisis a la psicología social, Edición ampliada, Nueva Visión, Buenos Aires, 1988. []
  6. Señalemos en particular el libro L’analyse clinique dans les sciences humaines (Enriquez, Houle, Rhéaume y Sévigny, 1993) y, en inglés, un número de la revista International Sociology (Gaulejac, 1997) completamente dedicado a la sociología clínica. Entre las publicaciones más recientes, señalemos la aparición en México del libro Historias de vida, psicoanálisis y sociología clínica (Gaulejac, Taracena y Rodríguez, 2006), en Canadá Récits de vie et sociologie clinique (Mercier y Rhéaume, 2007) y en Francia La sociologie clinique, enjeux théoriques et méthodologiques (Gaulejac, Hanique y Roche), Intervenir par le récit de vie (Gaulejac y Legrand).
    5 Estas tres tesis fueron publicadas: Le sens du travail (Hanique, 2004), L’idéal au travail (Dujarier, 2006) y L’homoparentalité, côté pères, E. Gratton, de próxima aparición, PUF, 2008. []
  7. Deveureux G., De l’angoisse à la méthode, Paris, Flammarion, 1967. []

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3 comentarios

  1. Muy interesante
    Ha aparecido recientemente del mismo autor traducido al español: “Neurosis de clase” (Gaulejac)

  2. Gracias, Fernando. Por lo que veo “Neurosis de clase” de Vincent de Gaulejac ha salido una traducción en español pero publicado en Latinoamérica, concretamente en la editorial Del Nuevo Extremo en Argentina. Pero creo que de momento está difícil conseguir un ejemplar en España.

    Un cordial saludo

    Rubén Crespo

    1. Informo de la aparición del libro “La interacción social” dedicado al profesor José Ramón Torregrosa, dentro del cual hemos publicado este capítulo:
      Gaulejac, V. e Yzaguirre, F. (2018). “Sociología clínica y emancipación del sujeto”. En Álvaro Estramiana, J.L.
      (coord.) La interacción social. Madrid, Centro de Investigaciones Sociológicas, pp. 251-270.
      Más información: http://www.socioclinica.com/sociologia-clinica-y-emancipacion-del-sujeto-gaulejac-yzaguirre-2018/
      Saludos,
      Fy

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