Jul 15 2014

Las vecindades vitorianas. Egin Ayllu (Colectivo)

VecVitorianas

Las vecindades vitorianas

Una experiencia histórica de comunidad popular preñada de futuro

Egin Ayllu (Colectivo)

NED Ediciones, 2014

Recientemente se ha publicado “Las Vecindades Vitorianas” del Colectivo Egin Ayllu, un libro que nos anima a «ponernos manos a la obra en esa apasionante tarea de autoorganizarnos, para que el presente y el futuro de nuestros barrios lo decidan sus propios vecindarios».

Hace más de seis siglos, las personas que habitaban Vitoria, en un contexto en el que debían afrontar grandes riesgos y carencias en su vida cotidiana para sobrevivir, fueron capaces de autoorganizarse y constituir una comunidad vecinal -las vecindades vitorianas- con la que, sin la intervención ni dependencia de poder institucional alguno, hacer frente de forma colectiva y mediante el apoyo mutuo a los retos que esa supervivencia les planteaba.

Sin embargo, la historiografía no ha prestado atención suficiente a cuestiones básicas que se abordan en estas páginas: su repercusión en la vida de aquellas gentes, las razones que llevaron a su creación y, posteriormente, a su declive y desaparición.

Cuando el colectivo vecinal del Casco Viejo vitoriano denominado Egin Ayllu se planteó este libro, su objetivo no podía ser otro que fijar la mirada en diferentes culturas, tiempos y latitudes para ver hasta qué punto las formas de organización comunitaria han sido una constante en la Historia. Cada vez que las colectividades han tenido que hacer frente a sus necesidades y sueños han utilizado algo tan básico como el puro sentido común y las herramientas que le son más propias: la solidaridad, el trabajo y la fiesta compartidos.

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De la Introducción

Para muchas de las personas que desde hace años nos encontramos por las calles y cantones del Casco Viejo gasteiztarra, intentando impulsar y construir colectivamente el sueño de un barrio hecho por todas y para todas las que en él vivimos, trabajamos o elegimos para socializarnos, siempre nos había resultado llamativo saber, a través de las pocas referencias que nos llegaban, que, hace varios siglos, las personas vecinas que vivieron en este mismo lugar, cuando Gasteiz no abarcaba más allá de lo que hoy conocemos por Alde Zaharra, fueron capaces de organizarse mediante eso que dio en llamarse las Vecindades vitorianas. Sin embargo, poco sabíamos sobre esta figura de organización vecinal.

Entre esas pocas referencias que nos llegaban, la que habitualmente aparecía era la que relacionaba alguna Vecindad con su patrona o patrono respectivo, la imagen del mismo que aún se conserva en alguna fachada, o su intento de recuperación… junto al de la celebración religiosa que se intentaba recuperar en su honor. Y, en nuestro caso, no era esta referencia algo que nos motivara precisamente a interesarnos por la cuestión.

Pero nuestra curiosidad se acrecentó tanto al oír hablar de ellas con añoranza al prologuista de este libro, Rafa Ruiz de Zárate, como cuando hace unos años conocimos el trabajo realizado por Alberto Frías [2003] en el que, tras una descripción general de lo que habían supuesto las Vecindades vitorianas, concluía definiéndolas como:

Honrado ejemplo de administración sin sofisticaciones, natural y sincero, un tanto artesanal, como todo lo de la época, pero por lo mismo, desarrollado a impulsos del sentimiento y la necesidad de cada momento que no a la de intereses sectoriales. Una forma de administración participativa, en contacto directo con el ciudadano, con la calle.

Tanto en ese párrafo de sus conclusiones, como en otros apartados del trabajo de Frías, aparecían evidentes algunos componentes básicos de lo que podía llegar a considerarse una comunidad vecinal, y dado que en Egin Ayllu desde nuestro propio nombre (una mezcla del euskara y el quechua que significa “hacer comunidad”) apostamos por impulsar esa comunidad vecinal en Alde Zaharra, el intentar conocer más a fondo la historia de las Vecindades vitorianas pasó a considerarse algo necesario de abordar. Y decidimos ponernos a ello.

Pero inicialmente nuestro objetivo se limitaba a intentar conocer con más detalle los pormenores de esta forma de organización vecinal para, rescatando todos los aspectos positivos que ésta pudiera tener, darlos a conocer a la población (de manera muy especial a la gente del barrio), aprender de ellos las probables aportaciones que pudieran suponer, incorporándolas a las propuestas de impulso y puesta en marcha hoy en día de una comunidad vecinal en Alde Zaharra.

Sin embargo, en la medida que nos pusimos a afrontar la tarea, pronto nos dimos cuenta de que a esta cuestión (que mantenemos como objetivo central de este trabajo) había que añadirle otros aspectos relacionados con la historia de las Vecindades que, aunque secundarios como objetivo, merecían la pena darse a conocer. Nos explicamos.

Nuestra primera tarea en pos de reunir información sobre las Vecindades, consistió en recopilar textos (académicos o no) que hubieran abordado el tema. No fue difícil encontrar diversos trabajos en los que, con mayor o menor extensión y profundidad, se abordaba la cuestión por parte de un grupo de profesoras y profesores del Departamento de Historia Medieval, Moderna y de América de la UPV/EHU (DHMMA) quienes, además, incluían en sus estudios citas y/o referencias a otros trabajos elaborados, generalmente, por componentes de ese grupo de profesorado. Estos estudios nos abrieron muchas puertas para profundizar en el conocimiento de las Vecindades vitorianas… pero también nos generaron dudas, incertidumbres y hasta sorpresas.

En nuestro afán por conocer el mayor número de detalles posible sobre la forma de organización de las Vecindades vitorianas, aspirábamos a conocer datos, pero también interpretaciones diversas: sobre su origen, las razones que pudieron llevar a la población a su creación, su repercusión en la vida cotidiana de aquellas gentes, el papel que pudieron jugar dentro de la estructura socio-política de la Ciudad, etc., etc. Y, sin embargo, lo que encontrábamos como denominador común en esos textos (salvo excepciones, que las hay) era una lectura casi monocolor sobre una cuestión que, a medida que íbamos conociendo más detalles, a nosotras se nos mostraba con un horizonte multicolor de posibles interpretaciones.

Nos llamaba la atención, por poner dos ejemplos, que ninguna de estas personas historiadoras1 (al menos en lo que se refiere a sus textos más divulgativos, que son los que principalmente hemos utilizado en este trabajo) se preguntara por el verdadero origen de las Vecindades, iniciando todas ellas su análisis sobre las mismas en el documento de las Ordenanzas de Vecindades de 1483, como si éste fuera el causante de su origen, mientras que, sin embargo, en él se dice claramente que Vitoria “estaba puesta e partida por Vecindades de antiguamente a esta parte”. La grave consecuencia de ello es que los trabajos para intentar entender esta organización popular no se basan en analizar las razones para el surgimiento y desarrollo de las Vecindades, sino que parten de un hecho bastante posterior y quizá en el origen de su ulterior declive: la ‘ordenación’ normativa por el entonces recién creado poder municipal que, como vamos a ver, puede considerarse el primero de los intentos por ‘modelar’ la organización vecinal al gusto y servicio del poder institucional.

Sorprendente así mismo nos resultaba el hecho de que en sus trabajos pocas veces se tenga en cuenta una posible relación directa entre la forma de organización vecinal que se dio en Vitoria con una realidad, la vasca, en la que no sólo estaba inserta geográficamente. Esa sorpresa se basaba en el contraste con los estudios de otras personas (muchas de ellas también del ‘ámbito académico’), según los cuales la población vitoriana compartía con su entorno, además de idioma (el euskera en el caso de las clases populares), valores, usos y costumbres, tradiciones y otras características, indicadores claros de una probable cultura común. Todo ello sin olvidar que la raíz de ese surgimiento se encuentra en algo tan simple como el sentido común: la necesidad de las personas de autoorganizarse para hacer frente a las necesidades y carencias que no podían cubrirse individualmente. Por eso, como tendremos ocasión de comprobar, organizaciones populares similares en lo básico se han dado en distintas culturas y en distintos momentos históricos, pero cada una se ha enriquecido con las costumbres populares propias.

Los citados son sólo dos ejemplos del desconcierto que en ocasiones nos causaban los textos de las historiadoras, pero a lo largo de este trabajo encontraremos más. Afortunadamente, en medio de ese desconcierto, dimos con alguna reflexión que nos ayudó a comprender la situación, y que, aunque extensa para una introducción, queremos compartir:

[…] el aspirante a conocer y comprender la verdad histórica se encuentra con que los historiadores modernos del último siglo, cuando se supone que comenzó a construirse la Historia como ciencia, escriben sobre los mismos hechos en función de sus tendencias, de su escuela, de su generación, de su apetencia personal, de las modas o desde los condicionantes de su propia ideología. (…) Con todo ello el neófito se encuentra en seguida con una conclusión obvia: no existe ni una sola verdad absoluta en la historia, ni existe un único punto de vista

[…] Cuando el neófito comienza a navegar por aguas profundas de la Historia Medieval, la cuestión se complica más todavía. No sólo había grandes personajes a los cuales adular y engrandecer, o denostar y humillar, según el caso, también había masas anónimas (…) masas olvidadas por los cronistas fabuladores de presuntas historias, relegadas al rincón de la memoria, ni siquiera presentes como telón de fondo del escenario en el que se movían los personajes protagonistas (…) Deslumbrado ante la construcción de una “historia científica” el historiador no se preguntaba, ni siquiera se preocupaba por ello, qué sentimientos latían detrás de cada albarán, qué intereses entre las líneas de cada privilegio real, qué ambiciones en las cantidades frías y casi siempre manipuladas y falseadas de los libros de cuentas.

[…] La “historia científica” no entendía, incluso lo rechazaba por ahistórico, que la vida de los hombres y mujeres del Medievo estaba llena de sentimientos, temores e ilusiones. Anclada en la vieja idea de interpretar los hechos, un monotema repetitivo y recurrente, la historiografía tradicional de la Edad Media quedó relegada a la interpretación, evitando abrir nuevos enfoques más enriquecedores y sobre todo más dinámicos.

Corral Lafuente, 2004

Sin, ni mucho menos, trasladar directamente estas ‘acusaciones’ al grupo de historiadoras que, como ya hemos dicho, nos han abierto la puerta para el conocimiento de las Vecindades, esa reflexión, más las dudas que ya hemos comentado, nos llevaron, desde la osadía de nuestro desconocimiento historiográfico (igual, para algunas, rayana en lo temerario) a asumir el riesgo de intentar hacer una relectura de la historia de las Vecindades (aportando el mayor ‘aval documental’ posible que pudiéramos conseguir) con nuestras propias interpretaciones sobre los hechos y, sobre todo, partiendo de una premisa: que esa relectura no iba a ser para nada neutra u objetiva, sino que se iba a basar principalmente en subrayar de manera especial todo lo que de positivo pudiera haber tenido esta organización vecinal2, especialmente en aquellas cuestiones que desde el ‘sector académico’ menos se hubieran puesto de relieve, de tal forma que nuestros posibles excesos pudieran servir de equilibrio a las ‘ausencias académicas’, propiciando con todo ello que el común de las mortales (insistimos, de manera muy especial el vecindario del barrio, pues sólo pensando en él encontramos sentido a este trabajo) pudiera contar con más datos y opiniones para elaborar sus propias conclusiones.

Para ello decidimos recurrir a nuevas fuentes. Por un lado, acudiendo a los archivos en busca de los documentos originales, para hacer nuestra propia selección sobre lo que de importante o revelador tienen, así como para comprobar si eran posibles lecturas distintas a las que en los textos académicos se les hacía. En esa tarea nos fueron de mucha ayuda los documentos guardados en los archivos públicos (de forma muy especial el Archivo Municipal), y aunque hemos podido consultar varias decenas de documentos, desgraciadamente no hemos tenido acceso a otros cuantos, directamente relacionados con las Vecindades, por estar aún pendientes de clasificación. Puede que algún día se pueda afinar más en el conocimiento de estas organizaciones vecinales si contamos con ellos.

Algunos datos concretos que sobre las Vecindades nos íbamos encontrando, nos llevaron también a plantearnos la oportunidad de ordenarlos y clasificarlos, para poder ofrecéroslos, pues con ellos se puede enriquecer nuestro conocimiento sobre aquéllas, mucho más allá del dato habitual que se suele publicar: la patrona o patrono que elegían para su advocación.

También nos pareció oportuno acudir a otras fuentes que nos aportaran criterios, datos y opiniones con las que poder buscar respuestas a preguntas que nos parecen importantes: ¿cómo se organizaban las sociedades y comunidades de nuestro entorno?; ¿tenían características comunes propias que pudieran derivar de una cultura común?; ¿qué prácticas de solidaridad vecinal, apoyo mutuo, trabajo colectivo, etc. se daban o se dan?; y lejos de nuestro entorno, en otras partes y culturas del planeta, ¿existen referencias de organizaciones populares o vecinales con características semejantes?… Entre esas nuevas fuentes consultadas queremos destacar dos que nos han sido especialmente válidas, tanto por la información que nos han aportado como por su enfoque general y objetivos, que en tantas cosas compartimos. Nos referimos a los trabajos de Raúl Zibechi Territorios en resistencia. Cartografía política de las periferias urbanas latinoamericanas, y de Piotr Kropotkin El apoyo mutuo. Un factor de la evolución.

Igualmente, pensamos que era necesario detenerse aunque solo fuera brevemente a analizar algunas de las otras características del vivir comunitario de las poblaciones vascas de aquellos tiempos. Pero no principalmente para mirarlas con nostalgia o envidia, sino para ver qué y cuánto podemos aprender de ellas para una posible propuesta de comunidad vecinal en la actualidad. Entre esas características comunitarias hay que señalar dos principales: el ‘batzarre’ o ‘concejo abierto’ como forma de autogobierno popular, y el ‘auzolan’ o ‘vereda’ como filosofía y herramienta de trabajo conjunto. En esta tarea nos ha sido tan útil como grato encontrar los trabajos de dos personas que, centrándose cada una de ellas en uno de estos temas, lo han hecho además con un punto de vista y una sensibilidad que consideramos muy próxima a la que intentamos anime este texto. Nos referimos a los trabajos de Jasone Mitxeltorena Auzolanaren kultura. Iraganaren ondarea, orainaren lanabesa, etorkizunaren giltza (centrado en el auzolan), y de Pablo Sastre Batzarra, gure gobernua (centrado en la batzarra). De ambos textos encontraréis numerosas referencias en este trabajo.

Así, poco a poco, y con esos cambios comentados sobre la idea inicial, fue tomando forma el trabajo que ahora tenéis en vuestras manos. Está dividido en dos grandes partes, a las que añadimos un breve glosario inicial sobre términos ya en desuso, así como anexos con datos concretos sobre las Vecindades y los textos de las Ordenanzas de Vecindades que se conocen.

En la primera parte hemos querido centrarnos en los detalles de la historia de las Vecindades vitorianas, hasta donde los documentos, trabajos de otras autoras y nuestra interpretación de los hechos nos han dejado llegar. Se recoge en su primer capítulo lo relacionado con el origen de las Vecindades vitorianas, analizando tanto las primeras Ordenanzas de Vecindades escritas como el porqué de su aprobación.

En el segundo capítulo se indaga en la dimensión de Comunidad vecinal que, tras analizar las Vecindades vitorianas, creemos está presente en el origen y desarrollo de esta organización vecinal. Una cuestión a menudo poco abordada por los análisis académicos y que, sin embargo, nos parece básica a la hora de aprender de las gentes que un día poblaron nuestras calles y de las razones y motivaciones que les llevaron a organizarse de tal manera.

El capítulo tercero, el más extenso del libro, se centra en intentar conocer los datos más concretos de las Vecindades vitorianas a lo largo de su historia. Comienza con un apartado en el que se analiza cuántas y cuáles fueron, qué características tenía cada una de ellas, qué día celebraban sus juntas y sus fiestas, qué patrona o patrono tenían, cómo fue evolucionando su población… cuestiones a las que añadimos algún dato curioso encontrado en los documentos y trabajos consultados. Tras ello se aborda el análisis de la forma de gobierno y los cargos que tenían las Vecindades: juntas de vecindad, mayorales, sobremayorales, contadores y secretarios…, deteniéndonos de forma especial en la figura del mayoral, para ver si se trataba de un ‘dirigente’ o de un ‘servidor’ de la comunidad vecinal. Posteriormente encontraréis un apartado dedicado a analizar la evolución y desaparición de las Vecindades, prestando especial atención a quiénes, por qué y cómo impulsaron su desaparición (otra de las cuestiones menos abordadas por las historiadoras, y no precisamente por falta de documentación con la que realizar el análisis sobre esas cuestiones).

Para terminar esta primera parte hemos querido dedicar un capítulo especial, el cuarto, a una cuestión que nos parece especialmente importante: la fiesta. En él recogemos los datos recopilados sobre cómo festejaban las Vecindades desde su origen, y la posterior evolución. Este aspecto festivo era prácticamente el único contenido o quehacer de las Vecindades que aún sobrevivían bien entrado el siglo xx, pero por lo visto en el barrio en los últimos años, hay señas claras de que la tradición fiestera de las Vecindades (bajo el modelo actualizado que ofrece “Zaharraz Harro”) está en pleno proceso de recuperación.

La segunda parte, por su lado, abre su campo de visión en la Historia tanto hacia fuera, como hacia delante para terminar pensando en el futuro. Así, en el quinto capítulo hemos pretendido observar si experiencias de comunalidad semejantes a las Vecindades vitorianas han tenido lugar a lo largo de la historia en otras partes del mundo. Al mismo tiempo, nos ha parecido conveniente analizar la posible relación entre las Vecindades vitorianas y lo que hemos denominado ‘cultura vasca’.

El capítulo sexto se centra en analizar las comunidades vecinales y populares existentes en la actualidad, fijando su mirada especialmente en algunas realidades latinoamericanas poco conocidas, pero algunas con varias décadas de arraigo, y con una similitud asombrosa con el tipo y formas de organización que se dio en las Vecindades vitorianas. Incluimos en él también, de forma muy breve, una mirada a la realidad actual del comunalismo en Euskal Herria.

Finalmente, el séptimo y último capítulo, como no podía ser de otra forma en un colectivo que se esfuerza por intervenir en una realidad concreta, el Casco Viejo gasteiztarra, nos centramos en, teniendo en cuenta todo lo visto y analizado anteriormente, hacer una llamada a recuperar la comunidad vecinal en el barrio. Para ello analizamos la situación de partida con la que se cuenta, y nos atrevemos a dejar volar nuestra imaginación para lanzar una serie de ideas sobre posibles pasos a dar.

¿Y todo esto para qué? Pues además de las razones que ya hemos comentado (intentar conocer realidades y dimensiones distintas sobre la historia de las Vecindades, enriquecer la visión sobre ellas, contextualizar su existencia y los motivos de su surgimiento, indagar en los motivos de su desaparición, enorgullecernos de una parte de la historia vecinal de este barrio…), el para qué de este trabajo tiene sobre todo una respuesta: intentar que todo lo anterior nos ayude a plantearnos el reto de futuro para el barrio consistente en conseguir poner en marcha una comunidad vecinal que sea capaz de organizarse para decidir su futuro, protagonizándolo desde el presente.

Una comunidad vecinal que soñamos abierta y plural, asamblearia y solidaria, reivindicativa y dinámica… y, por supuesto, fiestera. Pero ese sueño nuestro, para hacerse real, deberá ser compartido por el resto, hasta consensuar entre todas un sueño colectivo, siendo necesario para ello presentar ideas y comenzar debates, afrontar problemas y buscar soluciones, y, sobre todo, creérselo e ilusionarse con su consecución, probablemente la mejor forma de hacer realidad un sueño.

Hace más de seis siglos las personas que habitaban estas calles (estas Vecindades) fueron capaces de una forma natural, por puro sentido común y en un contexto muy complicado (donde abundaba la cultura de las imposiciones de los ‘señores feudales’, y donde en su vida cotidiana tenían que afrontar grandes riesgos y carencias, simplemente para sobrevivir), de autoorganizarse y constituir una comunidad vecinal con la que, sin la intervención ni dependencia de poder institucional alguno, hacer frente, de forma colectiva y mediante el apoyo mutuo y la solidaridad, a los retos que esa supervivencia les planteaba. Más de seiscientos años después ¿no vamos a ser nosotras capaces de aprender de la historia y nuestras antepasadas para, teniendo en cuenta sus errores y aciertos, y actualizando su modelo a nuestros días, ponernos manos a la obra en esa apasionante tarea de autoorganizarnos para que el presente y el futuro de nuestro barrio lo decida su propio vecindario? Nosotras pensamos que en el Casco hay ya más de un indicador y experiencia acumulada como para contestar afirmativamente a esa pregunta, y este trabajo que ahora os presentamos no pretende ser sino una humilde contribución a esa tarea en la que todas tenemos mucho que hacer y decir. Encontrémonos en ella. Hagamos comunidad vecinal.

Egin Ayllu!

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Sobre Egin Ayllu3

LGRula

Egin Ayllu es un colectivo de personas del barrio al que la mayoría seguramente no conocerá por ese nombre, aunque llevan ya un tiempito currando en y para el barrio. Han impulsado movidas como la recuperación del frontón “Auzolana”; la organización de las fiestas alternativas del barrio “ZaharrazHarro”, o la recuperación/limpieza del espacio de la plaza de Etxauri….

Pero ¡cuidado!, cuando dicen que “las han impulsado” en ningún momento quieren decir que se deban sólo a Egin Ayllu. En los tres casos, Egin Ayllu lanzó una propuesta abierta a otras gentes y en las tres ocasiones tanto personas a nivel individual como algunos colectivos hicieron suyas también las propuestas y entre todas consiguieron hacerlas realidad.

Eso mismo pretenden ahora con el blog “la gente rula”; que aunque la iniciativa de ponerlo en marcha sea suya –les parecía que era una buena idea y por eso se han puesto a ella–, deje inmediatamente de identificarse con “el blog de Egin Ayllu” y pase a ser el blog de las gentes del barrio que lo hagan suyo impulsándolo, manteniéndolo, dándole vida y contenidos o simplemente visitándolo y leyéndolo. Y su ilusión es que lo hagan suyo principalmente las personas y los colectivos que no tienen oportunidad para crear o mantener su propio blog o página web.

NOTAS

  1. Tanto para el presente caso de historiadoras e historiadores, como para el libro en general, al hablar de colectivos compuestos por personas de ambos sexos, optaremos habitualmente por utilizar el femenino, entendiendo con ello que recoge al conjunto de personas (historiadoras en este caso) al que se hace referencia. []
  2. No obstante, y sobre todo con la intención de aprender de errores ajenos, incluimos dos apartados en los que se analizan lo que, a nuestro parecer, fueron las características más negativas de las Vecindades vitorianas. []
  3. Egin Ayllu significa «hacer comunidad» en una mezcla de euskera y quechua. []

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