Abr 23 2013

Procesos de la nueva sociedad global y la mundialización

Por Rafael Domingo | Estudiante de Ciencia Política en la UNED

Procesos de la nueva sociedad global y el proceso de mundialización, con valoración especial del efecto que tiene la política de los EE.UU. en la sociedad internacional.

Fuente: OCDE

Fuente: OCDE

Sobre la globalización, entendida como la expansión al mundo entero de todas las relaciones económicas, sociales y culturales, podemos encontrar análisis desde diferentes puntos de partida. Lógicamente, como en todo, no existe una realidad en blanco y negro, polarizada en exclusiva en esos dos puntos de vista. Entre ambos hay una graduación continua, que matiza aspectos favorables o desfavorables del fenómeno.

Si atendemos al aspecto más presente en la actualidad, el económico, hay bastante consenso en decir que la globalización ha supuesto un descenso de la desigualdad social en los países menos desarrollados que han sido capaces de incorporarse al proceso, con mejores resultados, como es el caso de países de la zona de Asia Oriental como Corea del Sur, Singapur, Indonesia, etc… Por contra, la desigualdad en los países desarrollados ha aumentado claramente, con una brecha entre los segmentos superiores y los inferiores de sus sociedades, bastante evidente, y no solamente a raíz de la actual crisis, sino que ya se empezaron a percibir en los años anteriores.

Patente y conocido es en el caso de EE.UU, como muestra este detalle del informe de la Oficina del Censo de los Estados Unidos.

Desigualdad de ingresos

  • Basado en el índice de Gini, la desigualdad de ingresos aumentó en 1.6 por ciento entre el 2010 y el 2011; lo cual representa la primera vez que el índice de Gini ha mostrado un aumento anual desde 1993, el primer año para el cual están disponibles medidas comparables de desigualdad de ingresos. El índice de Gini fue de 0.477 en 201. (El índice de Gini es una medida de la desigualdad de ingresos de los hogares; cero representa la igualdad perfecta y 1 representa la desigualdad perfecta).
  • La desigualdad de ingresos también aumentó entre el 2010 y el 2011 cuando se midió como porciones de ingresos recibidos por hogares agregados por quintiles. Las porciones agregadas de ingresos disminuyeron para el quintil medio y el cuarto. La porción de ingresos agregados aumentó 1.6 por ciento para el quintil más alto y dentro del quintil más alto, la porción de ingreso agregado para el 5 por ciento más alto aumentó en 4.9 por ciento. Los cambios en las porciones de ingresos agregados para los dos quintiles más bajos no fueron estadísticamente significativos.

Pero lo preocupante, por la cuenta que nos trae a los españoles, es que se empieza a comprobar también en la Vieja Europa, como indican informes varios, como el del Centro Europeo para los Asuntos de los Trabajadores “EZA”, o el propio reconocimiento de ese hecho por la Comisión Europea.

Esta crisis económica puede verse como hito clave que ilustra la bondad o maldad de los procesos como la globalización. ¿Es una muestra de que los aspectos desreguladores de los mercados financieros, una de las propuestas básicas del esquema de la liberalización económica, han sido claramente perjudiciales?, o ¿es simplemente un efecto de errores de cálculo de los encargados de su control, pero que no invalidan el fondo de la teoría desreguladora?

La nueva “arma estratégica” de las relaciones económicas, ha significado para los clásicos conceptos estructurales, una transformación absoluta del papel y alcance de los Estados y su soberanía, que los ha hecho modificar comportamientos, desde la búsqueda de una autonomía, inalcanzable ya, hacia el encaje en un entorno de rivalidad interestatal, que se ha ampliado a un entorno globalizado, con una reglas basadas, no solamente en el “balance of power” realista clásico, sino en un complejo entramado de multialianzas estratégicas, en las que operan actores antaño enfrentados y ahora comprometidos en intereses mutuos.

Ésta realidad también opera en el ámbito de la seguridad, y en ese entorno, a raíz de los hechos del 11-S, en Estados Unidos, la perspectiva sufrió una variación de enfoque que, para algunos analistas estaba claramente dirigida a la recuperación del “hegémon” norteamericano, con un retorno a aspectos similares a la Guerra Fría, políticos y militares, supeditados al intento de recuperar el liderazgo en esos ámbitos, forzando todas las iniciativas de la globalización hacia ese objetivo. El “unilateralismo” se enfrentaba, paradojicamente, a una característica propia de la globalización, como es la multilateralidad de las relaciones interdependientes. Se buscaba una “seguridad absoluta globalizada”, bajo la directriz de la Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos.

Otros analistas, sin embargo, lo han entendido como un proceso contrario, en el que los EE.UU han “cedido” su hegemonía, en tanto en cuanto tanto la ONU, la OTAN y la UE tuvieron que adquirir posiciones decisivas en esos asuntos. Podemos citar aquí la postura enfrentada de Francia, por ejemplo, en las sesiones del Consejo de Seguridad de la ONU para el asunto de Iraq, con su ministro Dominique de Villepin reticente a las tesis de EE.UU.

En todo caso, parece evidente que al inicial optimismo derivado del “aparente” triunfo de la civilización occidental y su modelo económico liberal, previo a los acontecimientos del 11-S y la segunda Guerra del Golfo, le siguió un retroceso evidente, motivado por cambios en la agenda del sistema internacional. La llamada “agenda negativa” pasó a primer plano, terrorismo primordialmente, pero también, cuestiones como el medio ambiente, la pobreza y los problemas poblacionales, los nacionalismos, etc…

En la etapa de Bush (hijo), se llegó a una situación límite en la política llamada de “seguridad preventiva”. Si bien en la intervención contra Afganistán se activó el artículo 5 de la OTAN, de manera razonada, cuestión perfectamente debatible dentro de los límites de la legalidad internacional, para el caso de Iraq toda una arquitectura “legal” ad hoc se puso en marcha para justificar la intervención, apoyada en la presunta existencia de armas de destrucción masiva, y el “clarísimo” apoyo de Sadam Hussein a los grupos terroristas yihadistas. Luego se corroboró la inexistencia, tanto de dichas armas, como la más que dudosa implicación del régimen del partido Baaz (laico por definición), con grupos fundamentalistas islámicos, que estaban en las antípodas respecto al enfoque de creencias religiosas. A pesar de ello, se puso en marcha toda una conducta de seguridad derivada de un tratamiento militar a todo lo que tuviera algún rasgo de ser peligroso para los intereses norteamericanos (vuelos con detenidos sometidos a torturas, consolidación de Guantánamo, etc…). Dicha conducta, ilegal, ha sido una de las razones para el cuestionamiento de EE.UU, acrecentado por su postura negativa a reconocer el Tribunal de Justicia Internacional.

Barak Obama accedió a la presidencia en 2008, con una propuesta diferente. Cierre de la base de Guantánamo, cambio en la estrategia a adoptar con el mundo islámico, potenciación de la diplomacia sobre el conflicto directo, etc…

Actualmente, podemos decir que, la política exterior de Obama ha seguido unos vectores básicamente similares a los de la anterior administración, en cuanto a los objetivos estratégicos generales, si bien, hay que tener en cuenta, que ha instaurado lo que algún analista experto denomina como “liderar desde atrás” (leading from behind), postura criticada ampliamente por sus oponentes más conspicuos, que le han tachado de “blandito”, por decirlo de manera coloquial. En los conflictos del norte de África, no ha querido tener una actuación principal, aunque es evidente que ha estado al tanto de todo lo ocurrido, con más o menos éxito, ya que ha aportado el 75% del presupuesto OTAN para las operaciones que se realizaron en ese escenario de crisis.

Su acción más llamativa ha sido la operación para “hacer justicia” con Osama Bin Laden, cuestión bastante paradójica para todo un Premio Nobel de la Paz. Pero no, no le han pedido que devuelva el galardón, que puede ser visto como un intento de diferenciar, al principio de su mandato, su acción internacional respecto a su predecesor Bush Jr., sobre todo, teniendo en cuenta que estamos hablando del primer presidente de raza negra en la historia de los EE.UU, con todo lo que ello significa de ruptura socio-política en aquel país. En cualquier caso, esa acción sobre Bin Laden es otra muestra más de la “capacidad” norteamericana para “elevarse” sobre legalidades internacionales, bajo mi punto de vista personal.

Otra “novedad” aportada por la administración Obama en política exterior ha sido la potenciación del uso de aviones no tripulados, los llamados drones, para minimizar los daños propios, a la vez que se evitan muchas explicaciones y se puede “vender” la imagen de un presidente que retira las tropas de Afganistán e Iraq, aunque ambos países (por llamarles de alguna manera), siguen estando en situación de riesgo, respecto a la revitalización de los sectores más proclives a seguir caminos de violencia, tanto para los de fuera como para sus propios compatriotas.

Bien es verdad que hay un factor a tener en cuenta, según mi punto de vista, que ha influido en buena medida: la brutal crisis económica heredada. Puede afirmarse que EE.UU, en el periodo 2009-2012 ha estado a punto de sufrir una debacle absoluta (hay voces que opinan que sigue en esa situación, pero en un impass momentáneo). Sus niveles de desempleo han llegado a alcanzar casi los dos dígitos y su déficit no cesa de incrementarse, en parte por los esfuerzos públicos para ayudar a su economía. Tras la prórroga concedida, in extremis, por el Congreso en diciembre, para seguir negociando los presupuestos, se ha consumado lo que se conoce como “abismo fiscal”, pues los republicanos no apoyan las pretensiones impositivas del Gobierno Obama en el Congreso. Esta cuestión va a marcar claramente el devenir general de EE.UU.

Conclusiones

Creo que se ha consolidado, bajo la teoría de la interdependencia como concepto “aglutinador” de la globalización, que ya nadie discute que las políticas internas de los Estados están totalmente mediatizadas por las políticas externas, tanto en su ámbito regional como mundial, aunque con diferentes ritmos para cada Estado y zona considerada.

El desarrollo de la globalización, sobre todo en su aspecto económico, se ve con inquietud creciente. Las políticas son dispares, si miramos a EE.UU y sus estímulos fiscales (a pesar del “fracaso presupuestario”), que si miramos a la UE y sus medidas de austeridad extrema (personalmente, yo lo llamo austericidio), y con toda una emergente zona Asia-Pacífico, al relevo del liderazgo económico, de manera clara y contundente, como ya nadie discute (Véase el artículo China superará a EE UU y se convertirá en la primera potencia mundial en 2016 publicado en www.economia.elpais.com)

Respecto a EE.UU en concreto, puede preverse que en su segunda legislatura Obama intentará retomar la agenda internacional, en la que ya ha enfocado a su diplomacia hacia la zona asiática, como revitalizado aunque no nuevo espacio estratégico. China se configura como un potencial foco de atención crucial, no solo desde el punto de vista económico, sino en el puro terreno de la tensión estratégica (último ataques cibernéticos, con posible origen militar). En esa zona también se resalta la importancia renovada de las políticas defensivas de Japón, Australia, Filipinas, Vietnam e incluso Tailandia, que acuden al amparo del “amigo” americano por temor al desarrollo chino (en todos los aspectos).

La cuestión de Corea del Norte seguirá siendo relevante, aunque tenga un potencial menor en cuanto a la desestabilización general, a pesar de sus continuados envites amenazantes. También Irán mantendrá la pugna, pero en este caso parece que la situación tiene unas posibilidades de tratamiento estratégico diferentes, aunque lleno de incógnitas.

Respecto al sempiterno conflicto de Oriente Medio, no creo que pueda darse demasiado avance en la situación de fondo, pero existe el riesgo colateral de la situación de Siria. No habrá intervención directa, sobre todo porque eso conllevaría perder la capacidad de sujetar a Israel en sus reiteradas intenciones sobre Líbano e incluso Irán, cuestión siempre latente.

Podría haber una colaboración con la “comunidad internacional” (otra cuestión es saber a ciencia cierta quién forma esa supuesta comunidad), en el tema de Siria, sobre todo si se logra que las posiciones de Rusia y China cambien, cuestión que está por ver. En este asunto pesa mucho la postura acreedora de China respecto a la deuda norteamericana, lo que es un condicionante fundamental para entender mucho de lo hasta ahora ocurrido.

Las políticas de seguridad van a ser, seguramente, más protagonizadas por los servicios de inteligencia, para lo cual ya ha renovado el organigrama jerárquico, con el hasta ahora senador y ex candidato presidencial John Kerry, como Secretario de Estado,  el republicano Chuck Hagel, en Defensa, y John Brennan al frente de la CIA.

Es difícil pronosticar cómo va a transcurrir esta segunda legislatura. Nadie tiene la “bola de cristal”, y mucho menos en estos tiempos en los que la certidumbre es un concepto que se puede dar por extinto, en medio de una dinámica económica y social tan convulsa, a nivel global.

Informde de la OCDE: Una mirada a 2060: Una visión global del crecimiento a largo plazo

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