Ago 04 2014

Falacias y argumentación

FalyArg

Falacias y argumentación

Lilian Bermejo Luque

Plaza y Valdés, 2014

No teniendo idea de cómo funcionan las metáforas, la analogía, la ironía, la ambigüedad, los retruécanos, las paradojas, la hipérbole, el ritmo y todos los demás elementos de lo que solemos llamar «estilo» —y en la mayoría de los casos hasta sin siquiera reconocer que esos recursos tienen importancia en la configuración de actitudes personales en forma pública—, a los sociólogos les faltan los recursos simbólicos con los cuales pudieran construir una formulación más aguda.

(Geertz, 1992, p. 183)

Esta es la advertencia que hace Clifford Geertz a todo sociólogo que pretenda enfrentar con un mínimo de garantía el análisis del discurso. Para Geertz los recursos retóricos no pueden ser excluidos del análisis sociolingüístico porque «éstos constituyen una parte intrínseca del lenguaje corriente» (Geertz, 1992).1 En la teoría de la argumentación que nos propone Lilian Bermejo, seguramente encontraremos algunas pistas sobre los diversos recursos retóricos que, de manera consciente o inconscientemente, construyen los discursos de los múltiples imaginarios sociales que regulan la realidad que damos por descontada en la vida cotidiana.

A la teoría de la argumentación le interesa todo aquello que forma parte del buen argumentar, incluido lo que la lógica no alcanza.

Presentación

Dentro del ámbito general de los estudios sobre argumentación (que involucra perspectivas tan diversas como las de la filosofía, la lingüística, la retórica, el análisis del discurso o los estudios culturales), la teoría de la argumentación se ocupa de la elaboración y del análisis de modelos normativos para la argumentación, es decir, de propuestas más o menos sistemáticas y comprensivas para distinguir entre buena y mala argumentación.

El interés filosófico de esta disciplina resulta evidente: no es solo que nuestras concepciones sobre qué es argumentar bien estén estrechamente relacionadas con temas tradicionales de la investigación filosófica, tales como las nociones de justificación, racionalidad, etcétera, sino que a falta de métodos experimentales propios, la labor filosófica misma consiste básicamente en producir y evaluar argumentos. En este sentido, los estudios normativos sobre argumentación tienen algo de propuesta metodológica para la propia filosofía.

Sin embargo, a pesar del indudable interés filosófico de la teoría de la argumentación (razón por la cual sus orígenes remotos se encuentran ya en las primeras reflexiones sobre las relaciones entre lenguaje y mundo, discurso y sociedad, de Platón, de los sofistas y, sobre todo, de Aristóteles), su reconocimiento como disciplina tuvo lugar hace apenas cuatro décadas. Pues lo cierto es que los filósofos han prestado escasa atención a la argumentación en lenguaje natural como tema de estudio y mucho menos se han ocupado de desarrollar modelos específicos para su evaluación. De algún modo, se asumía que la lógica formal, que eventualmente se complementaba con modelos para la formalización de los argumentos del lenguaje natural, se encargaba de la parte sistemática de esta tarea. La idea era que la buena argumentación es una cuestión de buenas inferencias (inferencias válidas en el sentido de «formalmente válidas») ybuenas premisas (premisas verdaderas). De manera que aquellos fallos argumentativos que atañían sin embargo a la dimensión pragmática de la argumentación en cuanto actividad comunicativa —como la petición de principio, el cambio ilegítimo de la carga de la prueba, el uso de lenguaje cargado, etcétera—, quedaron sin un tratamiento sistemático durante siglos. La recepción en Estados Unidos y Canadá a finales de los setenta de los trabajos sobre argumentación que Toulmin y Perelman desarrollaron en los años cincuenta, así como los inicios de la Escuela de Ámsterdam a mediados de los ochenta, supusieron el establecimiento de la teoría de la argumentación como un intento de abordar esta tarea.

En el ámbito de los países de lengua española, la teoría de la argumentación es todavía una disciplina emergente, aunque su presencia es cada vez mayor en los currículos universitarios y surgen nuevos grupos y proyectos de investigación en torno a ella, en parte como respuesta a una creciente demanda ante las limitaciones de la lógica para evaluar la argumentación cotidiana. Este libro pretende ser una pequeña contribución a ese proceso en nuestro ámbito. Aunque, como género, puede resultar un tanto atípico. Por un lado, tiene vocación de manual, de exposición de las principales teorías, enfoques y aportaciones actuales dentro de la teoría de la argumentación; por otro, tiene forma de ensayo, de defensa de una tesis sobre un tema concreto, a saber, el estudio de las falacias y las posibilidades de adoptar una teoría de la falacia como modelo normativo para la argumentación. Por fortuna, ambos objetivos se compaginan bastante bien, no en vano el estudio de la falacia fue la principal motivación para el surgimiento de la teoría de la argumentación como alternativa a la lógica. Así, la panorámica sobre la disciplina que aquí se ofrece sigue como hilo conductor el modo en que las distintas teorías de la argumentación han caracterizado el concepto de falacia y han tratado de sistematizar el análisis y la evaluación de los argumentos falaces.

El libro consta de dos partes: los tres primeros capítulos son, respectivamente, una presentación de la argumentación como actividad cotidiana y ubicua, de la teoría de la argumentación como una disciplina normativa dentro de los estudios sobre la argumentación y de la teoría de la falacia como desarrollo característico de la teoría de la argumentación. Estos capítulos poseen un carácter eminentemente expositivo, incluso histórico, aunque en ellos se avanzan temas centrales para este trabajo, como la caracterización de los modelos normativos para la argumentación según las tareas que le son propias, las relaciones entre lógica, dialéctica y retórica y los correspondientes enfoques dentro de la teoría de la argumentación y la teoría de la falacia, la distinción entre modelos para la evaluación y modelos para la crítica de la argumentación, o la caracterización de los programas de la teoría de la argumentación y la teoría de la falacia frente al de la lógica formal.

La segunda parte, más argumentativa, comienza con el debate sobre la viabilidad de una teoría de la falacia y con el análisis de las críticas que el concepto mismo de falacia ha suscitado. A continuación, sigue la exposición de las principales teorías de la falacia, agrupadas según sus estrategias a la hora de resolver estas dificultades, junto con un análisis de las posibilidades que tendría cada una de ellas de constituirse como un modelo para la evaluación de la argumentación. Por último, el capítulo de las conclusiones recopila estos análisis con el fin de valorar las posibilidades de abordar el estudio normativo de la argumentación desde la teoría de la falacia, al tiempo que se defiende el interés del concepto de falacia, así como del catálogo tradicional, como instrumentos, si no para la evaluación, sí para la crítica de la argumentación.

Este trabajo ha visto la luz gracias al apoyo y entusiasmo de Txetxu Ausín, que siempre ha confiado en mi capacidad para hablar de las falacias sin cometer muchas, razón por la cual me invitó a formar parte del proyecto de investigación que él dirige, KONTUZ! (FFI2011-24414 del Ministerio de Economía y Competitividad), sobre el principio de precaución; no en vano son muchos los debates en torno a los argumentos falaces implicados en la definición y al uso del principio de precaución (pendientes resbaladizas, argumentos ad baculum, ad populum, ad ignorantiam…). Bajo los auspicios de este proyecto se financia este libro. También depende del Ministerio de Economía y Competitividad y, en concreto, del Programa Nacional de Incorporación y Contratación de RR HH, el contrato de investigación Ramón y Cajal que me ha permitido desarrollar las ideas aquí presentadas.

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Índice

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Breve reseña sobre la autora

Lilian Bermejo Luque | Fuente: ugr.es

Lilian Bermejo Luque | Fuente: ugr.es

Lilian Bermejo Luque es doctora en Filosofía por la Universidad de Murcia. Sus áreas de especialización son la teoría de la argumentación y las teorías de la racionalidad. Desde 2007, se ha desempeñado como investigadora Juan de la Cierva en el Departamento de Lógica, Historia y Filosofía de la Ciencia de la UNED, y como investigadora JAE-doc en el Instituto de Filosofía del CSIC, además de colaborar como profesora asociada en la Facultad de Filosofía de la Universidad de Murcia. Actualmente, trabaja como investigadora Ramón y Cajal en el Departamento de Filosofía I de la Universidad de Granada. Es miembro del equipo de investigación del Department of Speech Communication, Argumentation Theory and Rhetoric de la Universidad de Ámsterdam y de diversas sociedades para el estudio de la argumentación. Ha sido secretaria de la Revista Iberoamericana de Argumentación, y es miembro del consejo editorial de la revista Cogency (Universidad Diego Portales) y de la revista Topoi (Springer), además de réferi de numerosas revistas científicas. Participa regularmente y ha colaborado en la organización de los principales congresos internacionales especializados (OSSA Conference, ISSA Conference, etc.), y fue ganadora del Blair Essay Prize en 2005. Sus publicaciones se encuentran en revistas como Informal Logic o Argumentation, y en recopilaciones de textos como Arguing on the Toulmin Model (Springer) o Understanding Argumentation (SicSat) En 2011, publicó la monografía Giving Reasons. A Linguistic-pragmatic Approach to Argumentation Theory (Springer).
NOTAS
  1. Geertz, Clifford (1992) La interpretación de las culturas. Barcelona: Gedisa Editorial []

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